Mantener la independencia en compañía
La Jaula
Cuando dejé de usar escotes porque él se mostraba inseguro, cuando de forma implícita asumí que si su Ex le había puesto los cuernos yo tenía que demostrar y hacer patente mi capacidad de fidelidad, cuando mi economía comenzó a ser la suya, cuando mi opinión era discutida en privado y asumida por él en público. Cuando eran cuestionadas mis amistades, mis aficiones, mis intereses, mis caprichos, mis gustos culinarios, mis lecturas, mi forma de cocinar, el ejercicio de mi profesión, mi espontaneidad, sociabilidad.
Cuando hacerme cargo de la crianza y del funcionamiento de la familia se convirtió en mi responsabilidad, cuando dejé de tener tiempo para hacer deporte, cuando los cuidados eran unidireccionales. Cuando dejé de sentirme atractiva, interesante, mujer y comencé a sentirme resolvedora, hacedora, solucionadora, apoyadora.
En ese entonces… Era cuando estaba en una Jaula. Esa misma en la que nos adentramos gran parte de las mujeres al estar en una relación. Esa jaula con barrotes que se difuminan con el entorno, a través de los cuales te llegan los ruidos, el olor, ves el panorama y apenas te das cuenta de que ya has perdido tu espontaneidad, alegría, libertad.
Algunas mujeres me explican, la mayoría de las veces con un gesto amargo, es que hay que pagar un precio. Un precio por no estar solas. Ese precio es la Jaula. Algunas son más cómodas que otras y siguen siendo Jaulas. Otras mujeres no la reconocen como tal, los barrotes son parte de la realidad ¿cómo identificarlos si has encontrado un encaje perfecto con esa cruda realidad?...
Y en conversaciones, veo amigas íntimas de la presa, diciendo, sí sí lo estás… no lo ves, pero tienes tu propia jaula. Y la negación es parte de la supervivencia para no romper con un ecosistema que nos da esa agria tranquilidad. La vida pinta difícil si sales de ella, ninguna queremos llevar en la mochila, ese peso del fracaso que supone socialmente una ruptura o la dramática sentencia de “estar sola”.
Es tan perverso este sistema patriarcal, que nos hace creer que sin una relación estamos incompletas y en muchos casos suspiramos por encontrar esa “relación/jaula”, con aspiración a que sea un poco mejor que la anterior, más cómoda, que entre más luz, que estemos mejor acompañadas. Los barrotes nos hacen sentir que estamos seguras.
La Jaula es Jaula, y al igual que pensamos que el pájaro enjaulado tiene lo suficiente y que va a morir si sale a explorar el universo, al igual justificamos quedarnos nosotras sin libertad, privarnos de nuestra autonomía, justificamos sentirnos seguras entre esos barrotes.
María José Belda Díaz . Enero 2024




